De cómo un camino nos unió tanto

Ayer leí en la famosa página Visto en las redes, que la verdadera amistad tiene que ser construida sobre una sólida base de alcohol, sarcasmo, comentarios inapropiados y humor negro. No va del todo desencaminado al método que desde hace unos 7/8 años llevamos practicando religiosamente mis amigos y yo, pero hay muchos más ingredientes (y más importantes) que los ya mencionados. Y es que, como si de un matrimonio se tratase, la amistad no perdura si no se fijan unas metas y se cumplen unos objetivos, unos intereses comunes que deben ser realizados, y así se estrechan esos lazos que de otra manera podrían deshacerse. 

Hoy quiero rendir homenaje a todos los que siempre (desde mi renacimiento, como yo lo llamo) han estado ahí, y siguen estando. Algunos no han participado en los hechos que voy a narrar, pero forman igualmente parte de mi vida. Os voy a hablar de cómo el Camino de Santiago hizo tal mella en nosotros que no hay día que quedemos sin hacer al menos una referencia a esa experiencia única, agotadora, pero a la vez, revitalizante.

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Aquí tenemos la primera foto que nos hicimos, en la Estació del Nord de Barcelona, minutos antes de partir en un viaje de 12 horas y media en autocar hasta Ponferrada. Era principios de Julio de 2009, y estábamos en la flor de la vida, lo que algunos dirían la época en la que tus amigos pueden seguir siéndolo hasta el fin o desaparecer. Decidimos hacer un viaje que fuera económico pero que durara bastante y que fuera primerizo para todos. El Camino de Santiago pareció ser la idea que se sobrepuso a otras, y fue la mejor idea ciertamente. Eramos 8 amigos, 8 peregrinos, que partirían de Ponferrada hasta Santiago de Compostela, un recorrido de aproximadamente 200 km. 

Por el Camino nos topamos con distintas y curiosas personas, unas solas, otras bastante acompañadas, familias enteras, hombres con su perro, extrañas personas que se encargaban de algunos albergues, música, comida, todo muy cultural. En este viaje no hubo lugar para el alcohol ni el sarcasmo ni nada (el humor negro SIEMPRE tiene cabida, y los comentarios inapropiados, más).

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Era muy típico aprovechar el encuentro con cualquier persona para hacernos una foto. Os recuerdo que en esa época (y sólo han pasado 5 años) no teníamos smartphones, con lo cual no era típico hacer foto y subirla a Facebook así, como si de brujería se tratase. Lo que también pusimos como costumbre fue el cubrirnos la cabeza con gorros de paja de Estrella Damm. Muy necesario pues el sol pegaba lo suyo, y así fuimos identificados: “los peregrinos del gorro de paja de Estrella Damm”. Pasamos por ríos, por valles, por montes por encima de las nubes, por albergues buenos, por albergues malos, comimos como señores, con ese “Menú del peregrino” que mataba el hambre, sufrimos por las llagas y ampollas, nos pusimos morenicos por el sol de Julio, pero no sufrimos el calor porque Galicia es así de amable con su brisa atlántica.

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Aquí nos hicimos una foto en la que parece que tenga 50 kg menos (soy el del centro, brazos cruzados). No creáis que tenemos un book entero de fotos nuestras así, la mayoría son horribles y con méritos de sobra para ser quemadas en un Akelarre. Era genial ver como con cada paso, cada tramo, íbamos llenando nuestras credenciales de sellos y poco a poco se iba completando ese viaje, lo más importante del cual nunca llegó a ser el destino, sino el trayecto que íbamos haciendo. En la siguiente foto os muestro una foto mía desde atrás donde se puede ver como cargo con mi conciencia de años anteriores y es todo muy épico a pesar de no tener tres dragones rodeándome.

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Cabe decir que para mí fue un reto bastante “jarcor”, ya que no era asiduo a practicar ningún tipo de esfuerzo físico. Ahora un poco sí, pero antes nada de nada, y las agujetas al despertar al día siguiente eran más dolorosas que un examen tipo test con respuestas múltiple a finales de junio. Las cosas de la vida, desde entonces me encanta caminar y aprovecho cualquier excusa para patearme Barcelona como si no hubiera un mañana. Como ya he dicho antes, una parte fundamental del recorrido era la comida. Viva la comida, era como nuestro Maná para mantenernos vivos en el Camino. La llegada a Santiago se recordó por la visita a la Catedral, que era (y es) preciosa, por sus calles, por su gente, por sus fiestas, sus bares, y sobretodo, su comida. Ya que estamos en Santiago, ¿por qué no una mariscada / parrillada? A eso que nos fuimos.

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Y oye, buenísima y baratísima, genial, nos pusimos como cerdos, aunque nos lo merecíamos mucho, que 200 km caminando te hacen perder tus calorías, aunque no lo parezca. Por mi parte, perdí unos 3 kg en el Camino, comiendo bien, eh? Así que fue doblemente positiva la experiencia. En Santiago estuvimos tres días aprovechando lo que nos quedaba de tiempo hasta pillar el avión de vuelta a Barcelona (como marqueses) y pudimos disfrutar de unas fiestas de callejeo con la banda, de sus bares celtas, y de lo mejor que recuerdo, la escapada a Finisterre (Oh Finis! Oh Terra!), un lugar precioso, nos pusimos de pescado y marisco también hasta el culo. Y caminamos los 4 km que había del pueblo al cabo, donde pudimos ver como se abría el Océano ante nosotros, como había gente quemando su ropa como tradición al acabar el Camino hasta su km 0.

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Tuvimos la gran suerte de pillar dos semanas de sol haciendo el Camino. Dos semanas de sol gallego, ¿quién diría eso? Pues fue una experiencia brutal y que espero volver a hacer en breves. Este año sería perfecto pues soy un nini por el momento que está buscando su lugar en el mundo, y creo que me sentaría de miedo volver a hacer el Camino, pero otro recorrido. ¿Pamplona?¿Logroño?¿Burgos?¿Por dónde comenzar?¿Cuándo? El tiempo dirá. Por ahora me quedo con los recuerdos, que son muchos, y estas 7 personas que llenaron mis días de alegrías, así como yo llené sus noches de ronquidos infernales.

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De izquierda a derecha: un servidor, Ricard, Jarke, Poxi, Marín, Mireia Nicolás, Mireia Merino y Xavi 🙂 

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2 comentarios en “De cómo un camino nos unió tanto

  1. Pingback: #ElCamino2017 | Del laboratorio a las aulas

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