Vocación, formación, experiencia y expectativas en el #diamundialdeldocente

En el día de hoy, #diamundialdeldocente, quisiera rendir homenaje a la profesión que he decidido ejercer, destacando los puntos que más importantes me parecen en el desempeño de la labor docente.

  1. La vocación: este aspecto siempre destaca como la cualidad principal que debe tener un docente. Como en muchas otras profesiones, la vocación es algo básico para poder ejercer la labor pertinente de una forma eficaz y respondiendo a las necesidades del trabajo que uno desarrolla, puesto que intervienen en ella las ganas de hacer bien las cosas, de satisfacerse uno mismo con el trabajo realizado, de autosuperación, etc. Pero en la labor docente, la vocación también implica que el alumnado sea consciente de la pasión y la voluntad que habitan en el docente para desempeñar su trabajo, para transmitir las ganas de aprender. Eso, para mí, es lo que considero la verdadera vocación docente: las ganas de no dejar de aprender y de intentar, por todos los medios posibles, que el alumnado las sepa apreciar y las quiera compartir.
  2. La formación inicial: lo que es siempre objeto de debate es la calidad de la formación inicial de los profesores, a todos los niveles. Es, sin duda alguna, algo eternamente mejorable y que debiera indiscutiblemente ser consensuado y discutido de forma continua. En cuanto a lo que a mí me toca, la educación secundaria, debo decir que en mis carnes he sentido una formación inicial muy buena y adecuada a las nuevas tendencias pedagógicas del siglo XXI. Como me es complicado hablar en términos generales, pues no he vivido la experiencia de realizar el antiguo CAP o de haber cursado el Máster en Formación de Profesorado de Secundaria en otra universidad (lo cursé en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona), me es complicado intentar comparar sin “barrer para casa”. En la UPF hice el curso más duro a nivel de carga de trabajo de toda mi vida universitaria. El hecho de asistir a clases de mi mentor, poder analizar el desarrollo de las mismas y la respuesta que daban los alumnos a su metodología permitía la correcta elaboración de Unidades Didácticas (4º ESO y 1º Bachillerato en mi caso) que se adaptaran a esas realidades y luego llevarlas al aula, pudiendo ver qué funcionaba y qué no. En el Máster nos hicieron enfocar la actividad docente como ejercicio de aprendizaje y mejora continua, que debe ser siempre en pro del aprendizaje significativo del alumno y de la mejora del docente, que se adapte en la medida de lo posible al aula y a la diversidad de la misma. Aun queda mucho por hacer en este campo y, bajo mi punto de vista, es completamente necesaria la comunicación y colaboración entre los docentes de infantil, primaria y secundaria (ESO, Bachillerato y FP), para poder dar respuesta a las necesidades del alumnado y mejorar la orientación profesional del mismo.
  3. La experiencia del docente: en mi caso, es prácticamente inexistente en cuanto al hecho de estar dentro de un aula con alumnos de secundaria (unos meses de prácticas y unas semanas de oficio), y por esta razón es lo que menos puedo destacar y a lo que más puedo aspirar conseguir. Pero creo que la experiencia del docente no es sólo el haber dado clases o el haber estado en un aula. Creo que hay mucho más. Un docente, en mi opinión, debe estar también conectado a la realidad de su profesión, en continuo aprendizaje y en comunicación constante con otros docentes y profesionales de la educación (pedagogos, educadores, investigadores, etc.) para poder integrar y aplicar diferentes puntos de vista y conocimientos recientes que ayuden a la mejora de su práctica docente. Asimismo, creo que favorece mucho la experiencia de vida del docente: si ha estudiado otros idiomas, si ha leído o ha investigado sobre otras ramas del saber que no son las de su formación inicial, si ha viajado más o menos o a según que sitios. En definitiva, si ha ido más allá del propio conocimiento de la materia que imparte y si es consciente de otras realidades y sabe aprovechar el saber general para ajustarlo a la propia realidad del aula.
  4. Las expectativas: en este apartado puedo destacar tanto las que espero de mí mismo en un futuro a corto y largo plazo como las que espero de mis futuros alumnos y compararlo con las que he venido esperando en los que ya he tenido (particulares o no). Por mi parte, aún no tengo claro qué tipo de docente quiero ser. Y es completamente normal y comprensible, puesto que aún no he podido probar distintos enfoques en un mismo grupo, ni he podido ver qué funciona y qué no. Creo que es algo que nadie puede plantearse hasta que va probando y ve dónde y cómo se siente más cómodo y cómo responde el alumnado. No quiero ser tal y como fueron mis profesores, porque sé que la metodología que usaban funcionaba con unos pocos, pero no con la totalidad del alumnado, pero tampoco quiero ser radicalmente distinto, porque los extremos nunca son buenos. Creo que se pueden sacar cosas buenas de las distintas metodologías existentes actualmente, e ir modificando esta mezcla hasta adaptarla al máximo a uno mismo y al aula. En cuanto a las expectativas del alumnado, siendo consciente del Efecto Pigmalión, creo que hay que mantener la fe y la confianza en los estudiantes, apoyarles siempre que lo necesiten y evitar favoritismos, críticas no constructivas, la competitividad entre alumnos y las comparaciones sin fundamentos. En cambio, habría que animar a aquellos que más lo necesiten a nivel emocional, promover la cooperación y la colaboración entre alumnos, la competitividad con uno mismo y el sentimiento de superación personal.

Finalmente, en el #diamundialdeldocente me gustaría agradecer desde mi escritorio la labor de todos aquellos profesores que han pasado por mi vida. Tanto los “buenos” como los “no tan buenos“, pues de todos he aprendido a ser como soy, a hacer lo que hago, a apreciar lo que aprecio y a desarrollar las ganas de aprender que tengo ahora mismo, y que espero no perder nunca. Desde la primaria a la secundaria y la universidad, recuerdo todos y cada uno de los profesores que han pasado por mi vida. A unos más que otros, evidentemente. Y el hecho de poder haber estado dos semanas de junio en el centro que me vio crecer (Escola Joan Pelegrí de Barcelona) me dio la oportunidad de tener a mis antiguos profesores de compañeros de trabajo. Un regalazo que no todos pueden tener, y que te da una visión distinta de la misma realidad que viviste años atrás, para poder ver lo duro que es ser profesor, y que eso de “tienes muchas vacaciones y un horario muy bueno” no es verdad. El profesor es profesor siempre, a todas horas y todos los días. Si uno quiere, puede sacarle partido a la importancia de esta profesión, y contribuir en la medida de lo posible a la formación de una sociedad mejor.

Hoy va por ellos/nosotros

docentes

Fuente imagen: blog.tiching.com

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